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Manifiesto

La enseñanza y la investigación de la comunicación, ya sea entendida esta como disciplina o como campo de estudio, tiende por lo general a ser muy presentista por la importante presencia y actualidad que tiene en la vida cotidiana, así como por la inherente vinculación con las tecnologías que de algún modo la sustentan y la condicionan. Ello conlleva aparejado que su abordaje habitual suela ser sobre todo explicativo del fenómeno y de sus aparentes consecuencias más inmediatas. Y, paralelamente, su investigación acostumbre a sintonizar con las corrientes de moda metodológicas que, en ocasiones, no se asientan sobre una teoría social sólida sino que operan con técnicas de análisis bastante depuradas que generan la ilusión de ser científicamente solventes o cuanto menos empíricamente sostenibles.

En el ámbito académico español esa deriva procede, en buena parte, de la evolución y el protagonismo que han adquirido en el período intersecular las facultades de Comunicación y/o Ciencias de la Información y Comunicación. Por un lado, su rápida proliferación ha supuesto que en estos momentos se haya rebasado el medio centenar de centros universitarios (entre públicos y privados), lo que indica que en apenas cinco décadas su número se ha multiplicado por diecisiete. Si tenemos en cuenta, además, que la comunicación en su concepción moderna en otras facultades de CC.SS. y HH. se estudia e investiga muy poco, al menos comparativamente con las facultades específicas, el protagonismo de estas resulta hegemónico e impone su sesgo.

El otro factor preocupante es la evolución que han ido teniendo las facultades de comunicación desde mediados de los años ochenta del siglo pasado, acentuada claramente desde la implantación de los nuevos planes de estudio surgidos a raíz del despliegue del EEES. En una primera fase, los planes de estudio fueron sustituyendo algunas materias relativamente clásicas de CC.SS. y HH. como, por ejemplo, sociología y psicología, por ciertas equivalencias comunicativas: sociología de la comunicación y psicología de la comunicación. Esa orientación en principio no tuvo por qué ser negativa, pero adolecía de una falta de experiencia en nuestras latitudes: ni contábamos con expertos en la materia ni apenas con investigadores veteranos. A la postre, esas nuevas asignaturas se fueron –salvo honrosas excepciones- vaciando de sus bases epistemológicas de origen para convertirse muchas veces en enfoques sociales aplicados a fenómenos comunicativos.

En la segunda fase de la evolución, algunas de esas asignaturas o bien desaparecieron de los planes de estudio o bien fueron arrumbadas por otras mucho más operativas, las tecnológicas. Las cuales, ya desde los años noventa pasaron a ocupar –por la influencia del mercado tecnológico y un cierto encantamiento de muchos jóvenes y de docentes pragmáticos o practicistas-, una cierta centralidad de bastantes planes de estudio.

Todo ello ha ido provocando un uso tecnológico bastante acrítico y lo que es peor, la confusión de que adquirir habilidades en el manejo instrumental de las TIC es similar a formarse en competencias comunicativas o dotarse de conocimientos de comunicación. La culminación de ese proceso de adelgazamiento de la complejidad de la comunicación como disciplina, y de un relativo alejamiento como campo de estudio de los fundamentos teóricos de las ciencias sociales y las humanidades, se ha producido en la última década con la impronta de lo digital. Hasta el punto que circula la ocurrencia –plasmada en algunos libros, artículos y asignaturas- de que materias reconocidas en el ámbito científico, añadiéndoles como adjetivo lo digital, se las defiende y presenta como nuevos campos o paradigmas independientes de la tradición académica internacional. Ese artificio pretendedesvalorizar lo sustantivo a la vez que enmascararlo de ultra modernidad tecnológica.

Todo este proceso, no exento de intereses económicos, tecnológicos, políticos y culturales, parece haber abonado –de forma drástica en algunos casos y en otros paulatinamente- la desaparición de las asignaturas relacionadas con la historia de la comunicación. Así, por ejemplo, algunos planes de estudio de las facultades específicas no solamente han suprimido esa materia general básica, sino que incluso no existe en el título de Periodismo una historia del mismo, ni tampoco en el grado de Publicidad su misma historia o en la carrera de Comunicación audiovisual una historia del cine, la radio o la televisión. A lo sumo, esos conocimientos quedan reducidos a alguna lección introductoria a modo de síntesis o de cronología del medio contemporáneo.

De ese modo, la comunicación aparece divorciada de la familia de disciplinas de las CC.SS. y HH. y es presentada como un gran autónomo sin negarle, por supuesto, interrelaciones con lo político, lo económico, la sociedad, el lenguaje, lo psicológico o antropológico. Pero no con sus respectivas ciencias sino con lo instrumental de dichos campos, produciéndose de nuevo un vaciamiento de su sustancia teórica y de su naturaleza científica. Por desgracia este proceder se constata en bastantes tesis cuando se pasa de los objetivos e hipótesis a una metodología a menudo carente de método, con un marco teórico-conceptual escaso casi de foto fija, donde su desarrollo apenas se justifica dada la pobreza de la teoría cuando no ausencia de la misma.

Se han ido, por tanto, eliminando asignaturas de historia de la comunicación, desde su materia matriz como tal, pasando por las historias de los respectivos medios, o de algunas de sus formas de producción más significativas, como el periodismo, la publicidad o la propaganda. La pérdida de dichas asignaturas en bastantes de los actuales planes de estudio está comportando un serio problema no sólo en la deficiente formación universitaria de los titulados en comunicación, sino y especialmente entre los estudiantes de postgrado, muchos de los cuales una vez doctorados se convertirán en docentes e investigadores inconsistentes. El corolario es la reproducción de la deriva del sistema y la ampliación del grupo de quienes desprecian lo que ignoran y lo combaten ridiculizándolo por antiguo, en desuso, poco útil y nada práctico. Letanías que suelen ser alabadas por muchos alumnos.

A tenor de esta preocupante situación y de este negativo panorama, profesores-investigadores de historia de la comunicación y de sus diversas variantes de diferentes universidades españolas, reunidos en la Universidad Complutense de Madrid el día 26 de mayo de 2015, a iniciativa de la Asociación de Historiadores de la Comunicación 1, manifestamos lo siguiente:

  1. La comunicación es una disciplina y un campo de estudio cuya complejidad no puede ser abordada ni investigada de manera simplista, sin enmarcarla en una teoría social solvente que dé sentido a su densidad, la cual sólo puede comprenderse desde los paradigmas científicos de las CC.SS. y las HH.
  2. Las TIC no son la sustancia de la comunicación ni siquiera su naturaleza, sino los medios técnicos y las posibilidades intelectuales e instrumentales que le permiten múltiples desarrollos y aplicaciones tanto en los ámbitos privados como públicos, así como en los usos individuales y colectivos.
  3. La inexistencia o escasez de conocimientos históricos de la comunicación y de sus variantes mediáticas, productivas y especializadas en los planes de estudio de las titulaciones específicas implica una formación deficiente, que hace insuficientemente comprensible el hecho y la praxis comunicativa.
  4. La investigación en comunicación sin un mínimo pensamiento histórico pertinente suele derivar en un planteamiento reduccionista, que no posibilita comprender integralmente los hechos comunicativos en tanto que fenómenos sociales ni tampoco todas sus consecuencias socioculturales y político-económicas.
  5. El estudio y la investigación en comunicación, en consecuencia, debe ser contemplado atendiendo al ecosistema de la comunicación, en tanto que organización social de producción de significados en un momento o período histórico, para permitir evaluar al completo sus influencias, efectos y cambios.
  6. Por todo ello, instamos a las facultades de Comunicación o de Ciencias de la Información y Comunicación a mantener o recuperar (en el caso de su ausencia), en sus planes de estudio de Grado, una asignatura general de Historia de la Comunicación y al menos otra más específica de la titulación correspondiente.
  7. Al mismo tiempo, instamos a las direcciones de los másteres en Comunicación a que entre sus cursos y seminarios fundamentales se profundice en la epistemología histórica de la comunicación, así como en las disciplinas básicas de CC.SS. y HH. para incardinar el saber y su investigación desde los paradigmas teóricos reconocidos por la comunidad científica internacional.